domingo, 2 de octubre de 2016

La lluvia y las amapolas




    La lluvia siega amapolas
    con sus azadas blancas de luna y plata.
  
    Otras flores se esconden,
    se defienden del viento y la tormenta;
    sólo quieren morir a solas
    en las manos del que se enamora
    y quiere contar sus pétalos, uno a uno,
    como días o como noches.
   
    Las amapolas, sin embargo,
    se dejan desangrar en las aceras
    como granos de granadas,
    y pintar campos de batallas del amor,
    del vino y las alfombras.

    La lluvia y las amapolas son el destino,
    son ese fugaz momento en el que descubres
    que todo estaba escrito en un único instante.
 

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