martes, 5 de febrero de 2013

Viento de Scirocco

Desde hace muchos años (ya ni recuerdo desde cuándo) mantengo disciplinadamente al día mi lista de tareas pendientes; cientos de cosas que tengo que hacer de aquí hasta que muera y que registro perfectamente ordenadas y clasificadas por temas y por fechas, y donde hay absolutamente de todo: desde la pequeñez más inmediata (devolver las películas del videoclub esta tarde) hasta el proyecto más apasionado que parece inalcanzable (ir a París en febrero). Cada día selecciono aquellas que creo que puedo abordar en menos de veinticuatro horas, las anoto en una segunda lista “portátil” (un pequeño papel que siempre llevo en el bolsillo) y voy, hora a hora, repasándola y tachando lo conseguido, y apuntando nuevas tareas que surgen, que me persiguen inevitablemente.

Dentro de quince días cumpliré cuarenta y cinco años, probablemente esté en el meridiano de mi vida (eso espero) y estos días de frío que dedicó al estudio literario, me han hecho reflexionar (entre los versos de Góngora y Garcilaso) sobre mi lista de tareas y el tiempo que me queda para resolverlas; y me he dado cuenta que llevo años reiteradamente equivocado.
Esta tarde he roto mi lista, la he hecho añicos, y he sentido un vértigo irreconocible, impensable, me ha cercado el pánico, pero no tenía sentido mantener esta relación de temas que, en la mayoría de los casos, ni yo mismo había elegido abordar, o la elección fue otro error más, por no saber decir que no o por creerme ser lo que no soy ni seré nunca: inmortal e incansable.

Desde hoy tendré una lista imaginaria, donde sólo apunte aquello que me apetece hacer, lo que me guste y me motive, lo que me provoque buenas sensaciones o atisbos de felicidad en mí y en los que me rodean. Sé que esta decisión tendrá sus efectos secundarios, pero es normal, los asumiré con resignación y una buena copa de vino. Alguna vez tenía que hacerlo porque el tiempo vuela como el aire, como ese viento de Scirocco que ha llegado a mi cabeza y sabe qué hacer con su calidez y mis contrariedades.
 

1 comentario:

  1. Amigo Luismi, después del vino te invito a una buena copa de cava, pienso en la suerte que tuve al ir a comer ese día, el día que te descubrí. Me gusta tenerte cerca, eres como ese viento de Scirocco,fuerte, orate y hermano de Sirio.

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